Cuando sea mayor me gustaría acoger a un niño

Publicada en Publicada en Sin categoría

Teresa es una mujer de 52 años que vivía sola. Desde hace seis años comparte su vida con Daniel, un niño de catorce al que tiene en su hogar en régimen de acogida permanente. No es la primera experiencia de Teresa como acogedora. Hace unos años tuvo en acogimiento de urgencia a un niño durante tres meses. Poco después la llamaron los técnicos de Márgenes y Vínculos para proponerle el acogimiento simple de un niño de unos siete años. Ella dijo que sí y al poco ya tenía en su casa a Daniel. Llevaba con él dos años cuando la avisaron de que el pequeño iba a ser adoptado por una familia, pero la familia al final se echó atrás. Márgenes y Vínculos la apoyó en su solicitud para quedarse con Daniel como acogedora permanente y desde entonces viven juntos felices y contentos. “Yo estoy económicamente bien, tengo un buen trabajo y mucho tiempo libre. Además siempre me ha interesado este mundo, he colaborado como voluntaria en centros de acogida y conozco desde hace tiempo el trabajo que hace la fundación”, explica Teresa. “Los niños hacen por ti mucho más de lo que tú puedas darles”, añade.

Teresa no olvida el 4 de marzo de 2010, fecha en que conoció a Daniel en las oficinas de Márgenes y Vínculos. “Estaba muy nervioso, pero sonreía. No paró de sonreírme”, recuerda. Daniel venía de estar en un colegio interno porque tuvo que ser separado de su familia biológica, que no lo trataba bien. Daniel sigue yendo una vez

cada quince días a ver a sus padres biológicos, siempre acompañado por técnicos de Márgenes y Vínculos. Pero no se le pasa por la cabeza volver con ellos. Está muy contento con Teresa y no se hace a su vida sin ella. “Yo allí vivía con mis padres y mi abuela, pero allí estaba  muy mal, aquí con Teresa estoy mejor”, explica el menor.

Daniel recuerda que los primeros días, al llegar a casa de Teresa, se encontraba un poco raro, como extrañado, pero poco a poco se fue habituando. Cuando vivía con sus padres biológicos casi no iba al colegio porque ni lo llevaban ni se preocupaban de que fuera. Luego estuvo en un colegio interno, y un buen día allí se presentaron unos técnicos de la fundación que preguntaron por él, le explicaron a dónde iban, lo montaron en un coche y lo llevaron a casa de Teresa. “En el colegio no me fue bien. En una casa es muy diferente, aquí estoy mejor”, dice.

“Aquí en esta barrio tengo amigos normales. Algunos son del instituto, otros no. Los estudios los llevo regular. Algunas cosas las apruebo, otras no”, afirma Daniel. Teresa explica que el niño sufre hiperactividad, que está en tratamiento y que por eso en los estudios no van tan bien como debiera.

En lo que sí es todo un campeón Daniel es en fútbol. Al poco de llegar a vivir con Teresa se apuntó en un equipo benjamín y luego lo ficharon por otro. Muestra orgulloso las medallas y trofeos que ha ganado en sus pocos años de vida y enseña la foto que se hizo en unas jornadas de entrenamiento para las que fue seleccionado,  con técnicos de la Federación Española de Fútbol llegados desde Madrid. Delantero centro de los que marcan muchos goles, su pasión por el fútbol explica que gimnasia sea la asignatura que más le gusta en el instituto y también su preocupación por que este año no puede entrenar todo lo que querría porque tiene que ir a las sesiones de tratamiento de su hiperactividad.

Pero hay otra afición que le entretiene mucho. Es su afición al cante flamenco. Escucha esta música a todas horas y es un fan del Camarón, Canelita o Paco de Lucía. Llegó a cantar en un homenaje al autor de Entre dos aguas  y enseña también con orgullo una foto que se hizo con el cantaor Capullo de Jerez. “Yo me alegro cantando solo, pero también voy a dar clases de cante a una escuela de flamenco para aprender”

Teresa dice que del fútbol no le gusta el ambiente tan competitivo y a veces irracional de los padres de muchos chiquillos, pero que lo lleva con gusto a entrenar porque así hace amigos y se siente parte de un grupo que es muy sano. “La verdad es que yo también disfruto cuando voy a verlo, marca un gol y viene corriendo a dedicármelo”, agrega.

Daniel no piensa mucho en su futuro, aunque dice que le gustaría estudiar un módulo para trabajar en algo que sea interesante. Pero también añade que le gustaría ser psicólogo o futbolista. En ningún caso ve su futuro volviendo con su familia biológica. De mayor le gustaría independizarse o vivir con Teresa. “Y también me gustaría acoger niños”, explica. Daniel recuerda que hace unos años compartieron hogar con Lucía, una niña de siete años que Teresa tuvo en régimen de acogimiento simple. Vivió durante seis meses con ellos. Daniel al principio no la trataba mucho, pero cuando vencieron la timidez y los recelos los dos eran uña y carne y se llevaban tan bien que ni salían de casa porque estaban todo el día jugando. “Estoy un poco enfadado con Teresa porque yo quiero que acoja a otro niño, no puede descansar tanto tiempo”, afirma el menor. Ella reconoce que les dio pena cuando Lucía se fue con su familia adoptiva, pero insiste en que ella sabía que ese momento llegaría. Y Daniel también. “Esta casa es muy grande y hay sitio para más. Además, no me gusta que haya niños en centros de acogida. En familia están mejor”, añade.

Teresa explica que los técnicos de la fundación siempre están dispuestos a intervenir cuando les pide ayuda. Han venido al instituto a hablar con los profesores o acompañaron a Daniel al hospital porque su padre biológico estuvo muy enfermo y él quiso ir a verlo. Daniel se siente a gusto con su vida. Sabe de dónde viene, pero también dónde está. Y del futuro aún no sabe mucho, aunque algunas cosas sí las tiene claras: “De mayor me gustaría acoger a un niño, hacer el bien ayudar a otros niños. Eso es humano”. Y concluye: “Yo he tenido buena experiencia. Estoy mucho mejor aquí. Antes cuando estaba en el colegio o con mis padres, no veía ningún futuro. Pero ahora sí”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *